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Arrebato (1979)

 

 


José Sirgado (interpretado por Eusebio Poncela) es un director de cine de serie B, en crisis a sus treinta y pocos años. Acaba de terminar su segunda película pero se siente profundamente insatisfecho. Piensa que el cine que le toca realizar no está a la altura de sus inquietudes como artista, y su relación con el cine no tiene mucho que ver con lo que soñó. Tal vez su adicción a las drogas, lejos de ayudarle creativamente, ha dejado en él una marcada huella. Por si fuera poco, José vive una tormentosa relación con Ana (Cecilia Roth), que tampoco le ayuda a mejorar su situación.


En este estado emocional, recibe un dia un paquete de Pedro (Will More), un extraño sujeto al que conoció cuando buscaba localizaciones para una película. El paquete contiene una cinta de cassete y un rollo de película de Super8. En el cassete, Pedro narra sus obsesiones fílmicas y relata un inquietante descubrimiento: cuando se filma a sí mismo mientras duerme, aparecen inexplicablemente unos fotogramas rojos en la película, cada vez más numerosos, hasta que terminan por llenarla toda. Pedro calcula que la inclusión de los fotogramas es de 20 por cada vez que se filma, y se da cuenta de que le quedan dos sesiones de autofilmación para averiguar lo que pasará cuando los fotogramas rojos llenen todo el metraje.

Todo este material provocará en José una serie de recuerdos de su relación con Pedro, a la vez que se obsesiona cada vez más con los fotogramas rojos, dejando de un lado a Ana, las drogas y su propia obsesión por el cine, en la búsqueda de la verdad sobre lo que le ha pasado a Pedro.

 

Estrenada en 1980, ha sido durante muchos años un secreto venerado por modernos, cinéfilos e intelectuales. Arrebato trata sobre el vampirismo de los excesos, ya vengan de las relaciones amorosas, del trabajo o de las drogas. Es una reflexión en clave fantástica de los sinsabores que rodean un oficio cuando este es una pasión que puede llegar a volverse enfermiza hasta el punto de atrapar al propio individuo.

 

El argumento de la película resulta fascinante, sobretodo por todo lo relacionado con los extraños cortometrajes de Pedro con su cámara de Super8, elaborados a partir de cortos reales realizados por el propio Iván Zulueta.

 

Aunque Arrebato contiene gran cantidad de imágenes en Super8, la película en sí misma se rodó en 16 mm para ser hinchada a 35 mm, lo que contribuye a incrementar el grano de la imagen y a crear la típica atmósfera inquietante y de terror de bajo presupuesto. Además, los extraños e indescriptibles sonidos son igualmente inquietantes y ayudan a atrapar al espectador en el estado de desasosiego que está viviendo el protagonista.

 

 

 

En un comienzo, la idea de Arrebato surgió como un cortometraje del tipo de Leo es pardo, pero el guion pronto adquirió el tamaño suficiente para un largometraje. Finalmente, Nicolás Astigarraga, un arquitecto leonés con intenciones de invertir en cine, proporcionó tres millones de pesetas con un plan de rodaje de 15 días. El rodaje comenzaría en la finca La Mata propiedad del cineasta Jaime Chávarri (ya había sido utilizada en Ida y vuelta).

 

 

 

Pero el rodaje acabó alargándose hasta límites insospechados y lo que debía rodarse en dos días se tarda dos semanas, disparando el costo de la película hasta los 14 millones de pesetas según reconoció Iván Zulueta en una entrevista a Joaquín Llodó en 1988. La falta de dinero a mitad de rodaje y la anarquía generalizada provocó la huida de varios técnicos, principalmente, toda la sección de sonido, lo que obligo a doblar toda la película una vez acabada. La película obtuvo una subvención de siete millones y medio de pesetas, pero la recepción distante del gran público y el aumento en el presupuesto final supusieron la ruptura con Nicolás Astiárraga, el inicio de la fama de Zulueta como director maldito y el hecho de que Arrebato se considere una película de culto minoritaria. 

 

Arrebatos

 

Ver también:

ARREBATADOS, RECORDANDO A IVAN ZULUETA

 

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